Logo La República

Domingo, 18 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


El Gabinete a la sombra de la Unidad Social Cristiana

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 15 mayo, 2019


Pizarrón


Hace pocos días, el 10 de mayo, el diputado socialcristiano Pedro Muñoz, subjefe de la fracción parlamentaria, anunció que su Partido integraría un “Gabinete a la sombra” con el afán de “fiscalizar la labor de gobierno en todos los ámbitos”, con un grupo de profesionales cercanos al partido Unidad Social Cristiana para “realizar un control sobre la labor del Gobierno de Carlos Alvarado”, y con el propósito de que este Gabinete, o los miembros que los integren, den o “presenten informes mensuales.

Según la diputada María Inés Solís, Jefe de la Fracción para esta segunda legislatura, esta idea del “Gabinete a la sombra” tiene aval del Comité Ejecutivo del Partido Unidad Social Cristiana.

¿Hablaron en serio estos diputados socialcristianos? ¿El Comité Ejecutivo del Partido Unidad Social Cristiana también se lo ha tomado en serio? ¿Tienen idea de lo que es un Gabinete a la sombra, como figura política? ¿O, están charlataneando politiqueramente?

En todo caso, hasta hoy no han anunciado a ninguna persona política ni profesionalmente destacada, de ese partido político, o del país que les quiera colaborar, que forme parte de este Gabinete a la sombra.

Hasta hoy ese Gabinete a la sombra anunciado está verdaderamente a la sombra, oculto, desconocido, ignorado por el público político costarricense y por el pueblo socialcristiano, y el pueblo electoral costarricense, que estaría deseoso de ver actuar y trabajar a ese grupo de “ministros” del Gabinete a la sombra. Si sigue así, no será un Gabinete a la sombra sino un Gabinete que sobra.

La estructura institucional de los poderes públicos de Costa Rica descansa en la división de poderes, en los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral (Artículo 9 de la Constitución Política).

Cada uno tiene funciones propias, exclusivas, indelegables. En teoría política y jurídica todos estos poderes tienen igual rango, no solo constitucional, sino de aceptación social. A los efectos literarios se dice que el Poder Legislativo es más importante porque allí se elaboran las leyes, potestad del pueblo (Artículo 105 de la Constitución Política) que igualan a los ciudadanos, porque allí hay mayor representación política, y por ello allí, en cierta forma, descansa la soberanía popular, sin que pueda ser arrogada por los diputados ni por nadie en particular, pues descansa en La Nación (Artículo 2 de la Constitución Política), entendiendo como “Nación” a todo el pueblo costarricense.

Sin embargo, desde el punto de vista práctico el Poder Ejecutivo es el que tiene más impacto directo en los ciudadanos, todos los días, por la acciones que desde el Gobierno, representado en ese Poder Ejecutivo, a través de los distintos ministerios y las instituciones que coordinan, se realizan, y que afectan para bien, o para mal, a los distintos ciudadanos y grupos de la sociedad costarricense.

El Poder Ejecutivo popularmente se reconoce en la figura del Presidente de la República y en el Consejo de Gobierno, más que en cada uno de sus ministros. Pero, constitucionalmente el Poder Ejecutivo tiene cuatro formas de manifestarse, de expresarse, de realizarse. La primera, en la figura del Presidente de la República, que tiene actos propios de su investidura (Artículo 139 de la Constitución Política), la segunda, en la figura del Presidente actuando con uno o varios ministros a la vez (Artículos 140, 146, 148 y 149 de la Constitución Política), que es la forma frecuente de accionar del Gobierno, la Tercera, en la figura de cada uno de sus Ministros (Artículo 141 de la Constitución Política), en los actos que son propios de cada uno y la Cuarta, en el Consejo de Gobierno, que se integra con el Presidente y todos los Ministros, que actúan conjuntamente en ciertos actos que les son propios (Artículos 147, 148, 186, 187 de la Constitución Política).

El Consejo de Ministros, el Gabinete ministerial, el Presidente, como es nuestro caso, lo integra con personas de su partido político, de su confianza, o como actualmente, también con personas de diversas tiendas políticas que se comprometieron con el Presidente en una idea de Unidad Nacional, depositándose mutuamente las confianzas del trabajo asumido bajo la dirección del Presidente de la República.

Desde este punto de vista cuando a un partido político, como ahora a la Unidad Social Cristiana, por medio de su bancada legislativa, se le ocurre nombrar un Gabinete a la sombra hay que entender, si habla claro, que nombrarán un grupo de personas que le harán sombra, seguirán paso a paso, a todos los ministros que hay en el Consejo de Gobierno, para estar rindiendo un informe, supongo a la fracción legislativa de la Unidad Social Cristiana que quiere asumir un papel de oposición política radical, radical no por ser extremista sino por tratar de ir a la raíz de las cosas, a la raíz del trabajo ministerial del gobierno.

El Gabinete a la sombra como figura política ya otro partido en el país intentó realizarlo y fracasó en ese proyecto.

Como experiencia histórica el Gabinete a la sombra ha funcionado de manera no muy fuerte, ni destacada, en sistemas políticos parlamentarios, donde el Parlamento, el Poder Legislativo, desempeña un papel más importante en el nombramiento y remoción de ministros, como en el nombramiento del Primer Ministro, que es un Jefe de Gobierno.

En algunos de estos países forman parte del Gabinete a la Sombra integrantes del propio parlamento, donde se lleva el control político y la labor de oposición política al gobierno, dirigido este Gabinete a la Sombra por el líder parlamentario de oposición. En estos países donde funciona este Gabinete a la Sombra solo pueden ser parte de él miembros electos del Poder Legislativo. Eso, considerando regímenes políticos de fuerte tradición parlamentaria y bipartidista.

Así, cada Ministro a la Sombra marca o sigue a cada Ministro oficial en toda su labor, lo que contribuye a su labor opositora parlamentaria, y debe brindar al partido político, que tiene su Gabinete a la Sombra, los elementos para criticar, fiscalizar y ofrecer alternativas al ejercicio oficial de Gobierno. En cierta forma es una imagen también de alternativa y de sustitución o reemplazo ministerial. En muchos casos el Ministro a la Sombra puede ser bueno para criticar pero malo para actuar. Si existiera no tiene ninguna posibilidad de actuar como Ministro.

Pero, en Costa Rica, donde hoy priva el multipartidismo y los partidos de oposición política al partido gobernante ni siquiera alcanzan un tercio del número de diputados, un Gabinete a la Sombra, de esta forma, ni siquiera puede ser integrado con diputados de un solo partido político. La Unidad Social Cristiana tiene 9 diputados y hay actualmente 23 ministros. No pueden atender los nueve diputados social cristianos todas las comisiones parlamentarias de manera individual y se van a recargar con 23 ministerios a la sombra. Eso es realmente ilusorio, falso políticamente y patético en su quehacer político, demagógico por todos los poros. La Unidad Social Cristiana, como partido político nacional, ni siquiera se pronuncia sobre los diversos problemas del país. Ocurre igual con los otros partidos políticos, que desde hace mucho tiempo dejaron de pronunciarse públicamente sobre los diversos problemas nacionales, en parte porque las fracciones legislativas sustituyeron a los Comités Políticos Nacionales de los partidos.

En los países donde opera este Gabinete a la Sombra, este Gabinete se reúne igual que el Gabinete oficial una vez por semana, como un gabinete alternativo al gobernante con el deber legal de ser oposición, y donde cada uno de ellos es portavoz del Ministerio que maneja y debe enfrentarse al Ministro titular del cargo, en cada uno de los ministerios que existen. Además, el Gabinete a la Sombra realiza reuniones programáticas y sus ministros, a la sombra, son los que definen la estrategia para enfrentar los temas que se discutirán en el Parlamento, así como para atacar y combatir al gobierno, convencer y ganarse a la opinión pública de que ellos son la mejor opción política, y de que realizan una buena gestión de control político sobre el Gobierno.

Ningún Gabinete a la Sombra cuestiona la legitimidad del poder o del Gobierno, actúa tan solo como una instancia de oposición política y de control político. Pero, el control político en Costa Rica lo tienen parlamentariamente establecido los diputados. Si los propios diputados socialcristianos integraran ese Gabinete a la Sombra tendrían que refortalecer su propio control político, que no se siente, o reconocer que como diputados no lo realizan bien, y tienen que hacerlo, al estilo de los griegos antiguos, colocándose la máscara de Ministros a la Sombra sobre el traje de diputados deslucidos de control político.

En algunos países el Gabinete a la Sombra es electo, en su escogencia de ministros, por votación interna de los partidos políticos que lo integran, donde eligen primero al Líder o Jefe de ese Gabinete y éste, a la usanza parlamentaria, elige sus ministros a la sombra. ¿La jefa de fracción de la Unidad Social Cristiana va a elegir a este Gabinete a la sombra?

En Alemania ensayos como Gabinete a la Sombra los han llamado “equipos de expertos” y en Francia los han denominado “contra gobierno”.

A esta situación, la integración del Gabinete a la Sombra que pretende crear la fracción parlamentaria social cristiana tiene que tener en cuenta la igualdad de género en su integración, que de no hacerlo bien el Tribunal Supremo Electoral, y los tribunales de justicia, les podrían obligar, por la legislación nacional, como les obligaron a cambiar el sitio de un diputado provincial, de San José, para asegurar la paridad de género en las últimas elecciones.

En Costa Rica, en el Gobierno de Abel Pacheco de la Espriella, 2002-2006, en el año 2004, en agosto, renunciaron varios ministros, Javier Chaves (Ministerio de Obras Públicas y Transportes), Alberto Trejos (Comercio Exterior) y Ricardo Toledo (Presidencia) representantes de diferentes sectores políticos en el interior del gobierno, Chaves y Trejos, del sector económico y Toledo, del grupo social y político. En aquella ocasión califiqué el movimiento de ministros como “autogolpe de Estado” y como “toques cosméticos” que se trataban de hacer al Gobierno. Hubo quienes hablaron de gobiernos paralelos al Oficial, y yo mismo, en ese momento, señalé la existencia de un “supra partido político” que mandaba por encima del mismo gobierno y era quien decidía los puestos y estructuras políticas. Pero, aquí no había como ahora se estila un Gabinete a la sombra.

Antes, a finales del siglo XX y principios del Siglo XXI se habló en Costa Rica del Estado Paralelo, con motivo del impulso de las políticas y reformas neoliberales que se estaban realizando, pero no se habló de Gabinetes paralelos dentro de ese Estado Paralelo. El actual Gobierno de Carlos Alvarado sí ha nombrado públicamente grupos de asesores jurídicos, como el Grupo de Apoyo Legal Presidencial (GALP), que lo coordina el Viceministro de la Presidencia.

Lo que en la vida política nacional sí hay es la sombra de grandes lideres políticos, que algunos buscan para protegerse, o para escalar, y hacer carrera política. En la situación actual de los diputados socialcristianos que impulsan el Gabinete a la Sombra lo que se evidencia es que tratan de salirse de la gran sombra política, y positiva para el Partido Social Cristiano, que dejó Rodolfo Piza, con sus últimas dos candidaturas presidenciales, que sacó adelante a ese partido y logró llevar a los actuales diputados que hoy le refunfuñan. Pareciera que el pleito es más personal contra Rodolfo Piza y no contra el Gobierno. Siendo ellos un partido de oposición parlamentaria, como lo son teóricamente todos, menos los diputados del partido Acción Ciudadana, deberían tener bien focalizada su atención en lo que creen que deben criticar del actual gobierno y proponer las correcciones de las acciones de gobierno del caso, pero también tener bien focalizadas las acciones para apoyar lo que deban apoyar e impulsar que pueda beneficiar a todos los ciudadanos. La estela de Rodolfo Piza no se la pueden quitar, tampoco la pueden disminuir. Eso es como pegarse tiros en los pies para estos miopes diputados, que apenas están empezando a “gatear” en estos escenarios hacia la tarima presidencial.

Por ahora ninguno de los diputados socialcristianos genera sombra alguna en capacidad de impulsar, alrededor suyo apoyos sustantivos, ni siquiera su propia y eventual candidatura, en la carrera presidencial hacia el 2022 que el propio partido tendrá que afrontar después de las elecciones municipales. Deberían concentrarse en estas elecciones municipales, ver cómo salen, cuánto crecen, cuánto crecen por la acción de los diputados, o por la imagen pública que los socialcristianos tienen actuando en sus distintas responsabilidades políticas que les proyectan, aún cuando algunas de estas figuras están inhabilitadas constitucionalmente para expresar sus propios puntos de vista políticos, y hasta de defender su gestión, bajo amenaza de abuso del cargo, lo que ya es ridículo en el país. O concentrarse en las municipalidades que tienen para ver si aumentan el número de alcaldes, de munícipes, regidores, síndicos e intendentes. O hasta para desarrollar, inteligentemente, una política de alianzas coyunturales hacia las elecciones municipales, por vía de coaliciones políticas cantonales, que les permitan tener más presencia al frente de las 82 municipalidades, y una base más sólida hacia las elecciones del 2022.

Me parece que hemos entrado ya a una etapa de la historia electoral costarricense donde estos escenarios de alianzas y coaliciones son cada vez más imperiosos.

¿Cuándo conoceremos los Ministros a la Sombra de la fracción parlamentaria social cristiana?¿O se mantendrán tan a la sombra que no verán la luz pública?